Sal a la calle a media noche sin abrigarte a penas y túmbate en la hierba. Entonces, descálzate. Siente el frío de la hierba mojada, el frescor de la noche y concéntrate en las estrellas. Olvídate de que se hará de día y no busques el sol, pues no lo verás hasta que no salga. Y así, cuando menos te lo esperes, verás amanecer. Solo es eso, vivir con lo que toque en cada momento, porque después de una larga noche, el sol siempre sale por el este.