Últimamente he pensado en demasiadas cosas. Me he dado cuenta de que como dice Fito “yo no sé si el mundo está al revés, o soy yo la que está cabeza abajo” No entiendo por qué el mundo está basado solamente en la superficialidad de las cosas. No entiendo por qué no todo va en función de los sentimientos o por qué tenemos miedo al qué dirán, cuando lo único que debe importarnos es ser feliz de la manera que queramos serlo. No entiendo por qué lo bueno está en lo “normal”, ni por qué lo mejor está en lo más caro. No entiendo por qué los sentimientos son una cosa criticable. Y no entiendo lo que ve por “normal” todo el mundo.
Aprovecho para hablar más sobre mis sentimientos. Como he dicho en entradas anteriores, estoy atada al pasado y por más que lo intento, no puedo evitarlo, sigo ahí, estancada, pensando en lo mismo de siempre, en la misma persona de siempre. Pero he entendido lo que me pasa gracias al principito. “No supe comprender nada entonces. Debí haberla juzgado por sus actos y no por sus palabras. Me perfumaba y me iluminaba. ¡No debí haber huido jamás! Debí haber adivinado su ternura detrás de sus pobres astucias. ¡Las flores son tan contradictorias! Pero yo era demasiado joven para saber amarla.” Eso es lo que me pasó a mí. Me enamoré completamente, pero jamás supe amarle y tampoco era consciente de estar a su lado. Y ahora que tiene su vida me maldigo mil veces por no haber estado a la altura de las circunstancias, por no haber aprovechado su amor tal y como debería, y sobre todo, de no haberle dado todo el amor que yo sentía. Sabía perfectamente que le quería y todo lo que yo sentía, pero tuve actitudes muy egoístas y no era consciente de que aun siendo una relación diferente, seguía siendo una relación. Cuando todo terminó, yo adopté una actitud completamente infantil, pensando que yo era la buena de la película y echándole toda la culpa a la otra parte. Qué fácil es hacer eso. Lo difícil es ver que la culpa es de las dos partes, o de ninguna, supongo que no quisimos hacernos daño a posta, y si lo hicimos, tendríamos alguna razón para ello. Antes me obcecaba y miraba atrás y no veía más que cosas buenas por mi parte, y ahora mi punto de vista ha dado una vuelta completamente; veo sólo las cosas malas que yo hice antes y después de que todo acabara. Ahora tengo dos opciones: quedarme con el lado bueno, o con el malo. Y yo me quedo con el bueno, con la felicidad, con las sensaciones.. Y es esto lo que hace que me quede atada al pasado. Pero todo esto me ha hecho madurar, y darme cuenta de miles de cosas que antes no hubiera entendido. Me ha hecho ver la vida de otra manera y he aprendido que “no se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos.”