Recuerdo como tú y yo nunca tuvimos esos impulsos de comernos con los labios rodeados del mundo. A ti y a mi nos servía con los ojos. A mi me valía contigo, con las suaves caricias en la palma de la mano mientras hablábamos, o los dulces besos en la espalda antes de que alguno de los dos se levantara de donde fuera que estuviéramos sentados.
Me valía contigo.
Quizá vuelva a comerme a alguien con los ojos.
Quizá sea yo quien ahora se bese en el metro.
Puede que me acuerde de ti.
Puede que no vuelva a necesitarte.
O si.